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Llegaron los primeros fríos y en consecuencia arribaron los pejerreyes a las costas del Río de la Plata. Realizamos un relevamiento en el muelle del Club de Pescadores de la Ciudad de Buenos Aires, y lo compartimos con nuestros lectores…

POR VÍCTOR DE VÍCTOR

Pescar pejerreyes es todo un arte. Implica dedicación en la elección del equipo y en el armado de las líneas, en la selección de las carnadas, y en la interpretación de las condiciones del clima.

TAN PENSADO COMO DESEADO

Esperé mucho la llegada de mi primera pesca de la temporada. Me apasiona esta especie y todo lo que hay a su alrededor. La pesca del pejerrey permite desarrollar la creatividad del pescador para adecuarse a cada ámbito y a cada variedad o medida del pez que se esté pescando en el lugar elegido. Es todo muy distinto, los escenarios, las modalidades, los tamaños, y el tipo de pez. Ante estas cuestiones, debemos reaccionar para la correcta elección de los elementos que debemos usar: la caña, el reel, el sedal, el color y tamaño de las boyas, los anzuelos, el largo de las brazoladas y en especial, las carnadas.

BIEN TEMPRANO

Con el sol apenas despuntando, llegué al gran muelle del Plata. Me recibió una mañana fresca con viento Norte y sin nubes. Luego de caminar un poco más de 300 metros, elegí el pesquero que al fin de cuentas, me acompañaría durante toda la jornada.

Desplegué el “vivac”, preparé unos necesarios mates y comencé a armar los equipos. Tenía en mente el Plan A y el Plan B, y eso requirió pensar en dos modalidades distintas con equipos en consonancia con cada una de ellas.

DECLARADO EN REBELDÍA

Como siempre, planifiqué la pesca con algunos días de antelación. Consulté en el ciberespacio el viento, la temperatura y las mareas. También pregunté a mis amigos pescadores del Club, las razones del éxito que tuvieron durante la semana. En este último punto, no pude coincidir. La totalidad de los informes aseguraron que la pesca se realizó en la modalidad “Perezosa”, con la que no comulgo ni un poquito.

Se trata de una pesca que se realiza con las líneas lastradas por el dispositivo conocido como boya Mandale. Puede ser muy efectiva, pero para mí, es una práctica muy estática. Y creo que en esta clase de líneas, los peces en la mayoría de las ocasiones, se clavan solos.

Por lo tanto hice caso omiso a esa recomendación y elegí equipos para pescar en las modalidades “cañando” y “a la deriva” con el riesgo de fracasar, pero con mucha fe y convencimiento de que con toda la organización invertida para este relevamiento, el éxito vendría por añadidura.

PLAN A

La modalidad “cañando” es muy dinámica. Se lleva a cabo corriente en contra, o sea, en un muelle de aguas pasantes como el del Club de Pescadores, con la bajante se pesca hacia el norte y con la creciente, hacia el sur. La actividad es constante y se practica realizando lanzamientos cortos, regulando la deriva hasta que el aparejo llega a los pilotes del muelle, para volver a empezar. Las intensas corridas de las sutiles boyas producto de los piques, provocan sensaciones que hacen de esta experiencia algo maravilloso.

El equipo utilizado para esta modalidad fue: caña Tech Multitrack de 4,25 m. con un microreel frontal cargado con monofilamento de 0,25 mm. Las líneas, con boyas de diferentes colores, están expresadas en los esquemas que acompañan la nota.

PLAN B

La modalidad “a la deriva” propone otra actividad y diferentes equipos y accesorios. Se trata de dejar derivar la línea a favor de la corriente, obviamente a pick up abierto. Por lo que la pesca debe hacerse hacia el sur en bajante, y hacia el norte en creciente. Lo que nos obliga a elegir bien el color de las boyas para poder verlas bien teniendo en cuenta la incidencia del sol. Es requisito estar bien atentos a cualquier cambio en la alineación de las boyas lo que nos indica el pique que a veces suele darse a 50 metros o más. Para poder clavar a distancia armé el siguiente equipamiento: Caña Tech Intruder de 4 m. con un reel frontal cargado con 100 metros de multifilamento de 0,12 mm.

Siempre me gusta disponer de variedad de carnadas. Para ambas modalidades me valí de lombrices coloradas chicas, mojarras saladas y filet de dientudo. Todas tuvieron buena aceptación.

DURO DE PESCAR

Comencé a pescar en el último tramo de la creciente, poniendo en práctica el Plan A, teniendo listo “en gatera” el equipo correspondiente al Plan B, por si hacía falta un cambio de modalidad.

Tenía un gran entusiasmo, y mucha fe de que las líneas que preparé funcionarían muy bien. Armé un puntero pescador con una boya de madera balsa que quedó de un conjunto incompleto. La lastré con una pequeña aceituna de plomo de 10 g., que la hace trabajar apenas ahogada. En el otro extremo, a unos 20 cm. coloqué una pequeña boya esférica de 12 mm., luego un rotor de punta, y ligada a este último accesorio, una brazolada. Como si fuera un puntero de los que se usan en la pesca de pejerrey en el Guazú, pero mucho más liviano, adecuado a esta modalidad y a estas aguas. Este accesorio artesanal, al final de la jornada “la rompió”, acreditándose la mayoría de los piques.

La pesca no se hizo esperar, es apasionante ver “correr” las boyas y apreciar el pique de las flechas plateadas en brazoladas muy cortas (de 5 a 18 cm.), se ve “lomear” a los pejerreyes antes de que se decidan a tomar nuestros engaños. En menos de media hora tuve 5 piques y 3 capturas.

La parada de agua llegó con una calma perniciosa, desventó y esta situación, como se sabe, perjudicó la pesca, con actividad prácticamente nula por el lapso de una hora y media.

ALMUERZO Y CAMBIO

Cerca del mediodía decidí hacer un alto para reponer energías. Aproveché para cambiar el equipo y la línea, un aparejo similar al utilizado en la modalidad “cañando”, pero un poco (bastante) menos sutil, puntero artesanal incluido.

Durante la tarde el panorama mejoró con ráfagas de actividad sostenida. Las fotos reflejan lo que a la luz de las circunstancias, ha sido buena jornada de pesca.

FINAL FELIZ

Con el atardecer, y mientras disfrutaba de una frugal merienda, pude obtener algunos buenos ejemplares más, los del final. Deseo señalar que no debe esperarse el gran pez cuando se pesca de costa en el Río de la Plata, y que por ende, las expectativas que tenía en cuanto a tamaño y cantidad, estuvieron colmadas. Una buena pesca realizada en este primer relevamiento pese a las conciciones adversas, auguró lo que seguramente estaremos por disfrutar: una gran temporada de pejerrey.

AGRADECIMIENTOS

TECH TACKLE – Fishing Evolution. www.techtackle.com.ar – Por acompañarme en todos los proyectos.

CLUB DE PESCADORES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES – www.club-pescadores.com.ar – Por la amabilidad de siempre.

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