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ETERNA BAHÍA

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San Blas es un arrojadizo ejemplo en sí mismo de resignificación; fue durante los Siglos III y IV un obispo-médico a quien se le atribuye el milagro de curar a un niño al que se le clavó una espina en la garganta y hoy, diecisiete siglos después, sigue curándonos las espinas que a muchos nos atraviesan los pensamientos…

POR ALEJANDRO FERRÍN

Lo hace de una manera denodadamente antojadiza, constituyendo una reserva protegida, dentro de la Bahía Anegada, la cual fue elevada como Reserva Faunística Natural Integral Provincial, comprendiendo más de siete mil hectáreas. En el año 2001 ésta cambia su estatus a “Uso Múltiple” y abarca a todas las aguas de la bahía. Se trata de un pródigo de la naturaleza que presenta zonas intermareales fangosas, islas, bancos arenosos, bañados costeros y playas de arena y canto rodado. En toda esta escenografía bendecida, la biodiversidad explota y nos hace un guiño a los pescadores deportivos.

San Blas profana el imaginario de los pescadores con sus grandes corvinas. Para dar con ellas existe un sitio medianamente lejano y de compleja navegación, el “Canal Culebra”, que divide a la Isla del Riacho de la Isla Gamma. Esta cuna de verdaderos monstruos, tiene una profundidad media de 12 metros y la pesca reinante es la de la corvina rubia, con atisbos de variada en incursiones de gatuzos, poca pescadilla y desde hace un tiempo, bagres de mar.

La línea más efectiva es la que presenta un esmerillón proximal, una madre de 0,90 mm de la cual parte un primer esmerillón reforzado con una brazolada corta (25 cm.) del mismo diámetro rematada en un anzuelo 5/0 que esconde un fioco de látex, el cual refuerza el atractivo de la carnada a través del bombeo incesante de la caña.

La pesca de corvinas es netamente de fondo, haciendo picar el plomo en el lecho, aunque en el marco de la pesca variada que se pretenda practicar, es importante probar en toda la columna de agua para localizar a las movedizas pescadillas que suelen transitar y alimentarse a media agua.

La plomada se coloca en un esmerillón con mosquetón corredizo, siendo de 400 a 600 gramos en los momentos en que la correntada es atroz, para reducirse a menos de 200 gramos en los tramos de estoa. La principal carnada es el langostino, seguido del filet de carpa y la anchoíta.

Otra opción válida y divertida es la pesca de flote de pejerreyes escardones, la cual se realiza en sitios cercanos a las islas circundantes, de poca profundidad. Las cañas que se utilizan son cortas y livianas, con reeles pequeños en sintonía. La línea es de una madre de 0,40 mm de buena calidad, en su extremo proximal una boya zanahoria provista de nudos corredizos y dos micro rotores con brazoladas cortas de 15 cm del mismo diámetro que la madre transparente, anzuelos niquelados serie 277F (clásicos) n°4 y distalmente, un pequeño esmerillón con mosquetón cargando un plomito de 10 gramos. Los piques son enérgicos, efusivos y electrizantes. La carnada por excelencia es la anchoíta fresca, siendo mucho más efectiva que el mismo filet de pejerrey. No es conveniente pescar con más de 2 anzuelos, dado que los enredos están a la orden del día, entre distintas líneas y también sobre la misma línea de quien pesca, dada la enjundia de las sacudidas de las piezas. Es fundamental que se mantenga al cardumen a través de la ceba que continuamente se arroja al agua.

A pesar de los embates nefastos de la humanidad y del refucilo tibio de las nuevas vedettes vecinas que vienen haciendo luces y tocando bocina, como La Chiquita y Pocitos, Bahía San Blas sigue acaparando adeptos, miradas y suspiros.


Un agradecimiento especial a Luis, Claudio, Damián y Mario, mis compañeros de pesca, con quienes nutrimos durante el año pandémico los deseos de volver a ser eternos en la bahía.

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