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ACTITUD GUAZÚ, RENDIRSE… JAMÁS!

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Una visita de dos días al Guazú habiendo recibido datos poco alentadores horas antes de partir. Pesca trabajosa y difícil, pero lograda…

POR VÍCTOR DE VÍCTOR

Como consecuencia de la situación sanitaria, esta temporada de pesca invernal está siendo para mí un concierto de ausencias y reencuentros, por lo que decidí capitalizar al máximo cada oportunidad.

Con unos días de antelación comencé a planificar la salida de pesca al anexo Paraná Guazú del Club de Pescadores de Buenos Aires. Tamaña grata sorpresa me llevé cuando pude anoticiarme que el clima “pintaría” de manera excelente para mis planes. Dato no menor, dado que el pejerrey es muy sensible a los vaivenes meteorológicos. El convidado de piedra era el tema que angustia a varias provincias, la falta de agua en el Paraná.

La noche anterior, horas antes de salir, amigos de la zona me advirtieron que la pesca estaba casi nula. Por lo anteriormente expuesto, resolví viajar igual y dar pelea a los tres informes negativos que coincidían en su pronóstico.

EN MARCHA

Como es mi costumbre, al amanecer pasé por “La estación del Pescador”, de mi amigo Tono Ciliberti para pertrecharme de la mejor carnada de la zona. Con todo preparado, y portando una dosis extra de optimismo, llegué al Guazú con las primeras luces del día. Un cielo pintado y el río “planchado” a modo de espejo fue el escenario de recepción. Rafael –el encargado de la Sede Guazú- me recibió con la calidez de siempre, pero me anotició de lo dificultosa que está la pesca de pejerrey en estos días.

Aún con el predominio de verdes apagados y ocres invernales, la selva marginal deltaica no pierde su belleza. El ámbito es siempre bucólico y pese al frío tiene su encanto.

Elegí un lugar en el muelle y desplegué todo. Equipo, carnadas, cámaras, trípode, y por supuesto, unos mates para acompañar el armado de todo el “vivac”.

PRIMER ACTO: A “PELEARLA”

Como de costumbre, leyendo anticipadamente el devenir del agua y de las condiciones del clima, comencé a pescar con boyas color anaranjado flúo, que en días claros y en especial con la orientación del muelle en relación al sol, se ven muy bien, aún a la distancia. Las intensas corridas producto de los piques, pescando en un ambiente de aguas tan caudalosas, provocan sensaciones que hacen de la experiencia de pescar en el Guazú, algo maravilloso.

El equipo utilizado para esta primera parte fue: caña Tech Intruder de 4,00 m. con un reel frontal Tech Blood 30 cargado con 130 m. de multifilamento de 0,14 mm. Armé para esta ocasión una línea confeccionada con llamativas boyas color anaranjado, rotores de doble giro y nudos corredizos. Anexé un puntero lastrado ideal para el Guazú, al que agregué un boyín. El detalle del aparejo está expresado en el gráfico que acompaña a esta nota.

Creo necesario destacar la calidad de la caña utilizada, confeccionada en grafito, liviana y con una cosmética impecable, es ideal para esta clase de pesca. Un lujo.

PARA TENTARLOS

No sólo la elección del equipo adecuado es importante. Elegir bien las carnadas y la manera de presentarlas, es determinante para lograr el éxito. Pesqué con mojarras vivas y saladas, y filet salado, también de mojarra.

DIFÍCIL MAÑANA

Si bien esta pesca es trabajosa, da gusto realizarla, es una de mis preferidas. Hay que caminar y rotar constantemente, regulando el multifilamento del reel  para una correcta deriva, de manera que no se produzca la indeseada “panza” que entorpecería la clavada, y tampoco una excesiva tensión que provocaría que las brazoladas “flameen” anulando así su función, aún estando bien cargadas con una munición de plomo.

Debo destacar que las brazoladas en esta ocasión rindieron en la franja de los 25 a los 40 cm., Acertando la medida, y bien lastradas juegan un papel fundamental. El hecho que las “bajadas” trabajen bien, es excluyente para lograr el éxito en esta pesca.

El sorpresivo correr de las boyas en la rápida deriva exigen al máximo al pescador, demandando concentración, repentización, paciencia, y un esfuerzo físico que muchas veces conmina a muchos a desdeñar esta modalidad por ser muy laboriosa y en especial por requerir de una buena condición física para transitar sin problemas un día completo de pesca.

Pero valió la pena. Tuve buenos piques y algunas capturas, logrando pejerreyes de 30 a 35 cm. Todo muy difícil, sin descuidos, con los cinco sentidos afilados, y sin quitar la vista de la línea.

SEGUNDO ACTO: ENSAYO NOCTURNO

Sabiendo por experiencias de otros socios que por la noche suelen darse pocas capturas pero de muy buen tamaño, adecué el equipo -y en especial el aparejo- para la ocasión. Utilicé una caña Tech Multitrack de 4,25 m. acompañada de un reel frontal Quantum Optix cargado con multifilamento de 0,16 mm.

El aparejo, confeccionado con dos boyas y un puntero lastrado, todo en blanco, que es la tonalidad que mejor se ve de noche en la franja que se producen los piques, lógicamente a la luz de la iluminación del muelle. En consecuencia de la nocturnidad, armé las brazoladas un poco más cortas que lo que habitualmente se usa para la pesca diurna. La proximal de 20 cm., la del medio 25 cm. y la distal -la del puntero-, 30 cm.

Sin éxito con el pejerrey, decidí abandonar la pesca luego de 2 horas de trajín. Me persuadió el cansancio del esfuerzo de todo el día y la frenética actividad de un cardumen de dientudos enormes que arrasaban con cuanta carnada llegaba al agua.

TERCER ACTO: UN BUEN COMPLEMENTO

Luego de un reparador descanso, me levanté al alba y aún de noche, me acomodé en el muelle para desayunar en un ámbito soñado para quienes corremos con la vorágine de la ciudad durante toda la vida. Simples mates con galletitas, viendo el correr del Paraná al amanecer, se ponen a la par emocional de un desayuno internacional en un hotel de 5 estrellas. Sin dudas.

Preparé el mismo equipo que utilicé al comenzar la jornada diurna anterior y empecé a pescar. El pique se dio “de a rachas”, siempre trabajando la pesca. No hay otra forma. El pejerrey del Guazú es mañero y muy especial. Nunca esta pesca se da por casualidad, es laboriosa y pensada, atendiendo a todos y cada uno de los detalles.

La jornada me satisfizo a modo de complemento de lo ya experimentado el día y la noche precedentes. Aunque la cantidad de capturas mejoró, el día se presentó otra vez difícil. El pejerrey estuvo presente en dos o tres pasadas a lo largo de toda la mañana, y nuevamente alrededor de las 14 hs., al igual que en el día anterior, se acabó la pesca.

Al final del día, preparé los pescados seleccionados para delicias gastronómicas. Me gusta comer el pejerrey del Guazú.

Para mí la pesca es una totalidad de factores: la preparación y planificación, lo que uno imagina previamente, la interacción con la naturaleza, el respirar un aire diferente, y claro está, la objetividad del hecho fáctico de cada jornada.

Sin dudas, ese conjunto conspiró para propiciar un par de días formidables en uno de los ámbitos en los que más disfruto pescar.

RECORDANDO ALGUNAS SUGERENCIAS

La caña: debe ser liviana. En la pesca de pejerrey en estos muelles se camina mucho durante todo el día. El uso de una caña pesada complicaría nuestra tarea.

El reel: acorde a la caña, preferentemente cargado con multifilamento o en su defecto con nylon embebido con flotalíneas para optimizar la clavada.

La tensión del sedal: debe ser la justa, de estar muy tenso, la línea trabajará mal y “flamearán” las carnadas, y si lo dejamos muy flojo, provocará la formación de una excesiva “panza”, tan incómoda en el momento de la clavada.

Uso de munición partida: elemento tan sencillo como fundamental, neutraliza el efecto de la correntada lastrando la brazolada, permitiendo así que la misma trabaje correctamente.

Presentación y calidad de la carnada: las mojarras deben tener la medida adecuada, medianita para este caso. El filet debe cortarse bien delgado en forma de banderita, encarnado de la pulpa hacia la piel, el dardo del anzuelo tiene que estar siempre al descubierto, nunca tapado por la carnada, sea el cebo filet, isoca, mojarra, etc.

Estar siempre atentos a la evolución del río y a los cambios de dirección del viento, y adecuar el equipo a ello.

Actitud Guazú: el pejerrey del Guazú no suele dar segundas oportunidades. En este río el agua corre siempre y por lo general en esta época del año las flechas van en contra de la corriente. Si erramos la clavada o desatendemos el pique es difícil que ese mismo pez vuelva sobre esa misma carnada. La actitud se resume en atención, concentración, optimismo y sobre todo… perseverancia!

AGRADECIMIENTOS

TECH TACKLE – Fishing Evolution – www.techtackle.com.ar, por acompañar a todos nuestros proyectos.

Al CLUB DE PESCADORES, por la gentileza de siempre y por ser el sustrato de hermosas experiencias de pesca  – www.club-pescadores.com.ar

readers comments
  1. Claudio on julio 25th, 2021 14:55

    Un lujo de novela y contenido. Hace que el lector entusiasta por los pejes del guazú, tenga las mismas percepciones que vos describís en el relato. El entorno, los preparativos, la práctica se detallan con refinamiento y prosa. Leyéndote, no sé si aún tengo ganas de ir a pescar al guazú o ya me siento satisfecho.

  2. Robert Marchi on julio 25th, 2021 15:48

    Exquisita nota, al detalle como nos tenés acostumbrados. Gracias, un abrazo pescador.

  3. Silvia on julio 26th, 2021 00:27

    Gracias por la enseñanza y la correcta explicación de como se pesca en Guazu…
    Gracias por la actitud
    Guazu siempre Guazu

  4. Leo Lacaze on julio 26th, 2021 17:06

    Muy bueno! Es una pesca que no es facil. Sds.

  5. Eduardo on julio 28th, 2021 09:10

    Excelente nota Profe , me llevo al Guazu ,pesque junto a ud , desayuno y cena , maravilloso. Gran abrazo .

  6. Benito Rojas on julio 29th, 2021 19:40

    Estuve el fin de semana en el Keidel y nada. El río estaba durísimo.




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