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ARRANQUE EN LA LAGUNA EL ABUELO

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Este arranque fue casi un cuento chino, después de estar 7 meses sin poder pescar, actividad que amo y es mi pasión…

POR WALTER GASTALDI

Había imaginando y o planificado en los primeros pasos de la cuarentena cuando recién iban unos cincuenta días, cual iba a ser la pesca del regreso. Con muchísimos destinos en la cabeza, el equipo que iba a usar, los señuelos, hasta los ataque. Y a medida que iban pasando los meses dejé de imaginar cual sería esa pesca del regreso. Sin dudas sería alguna y llegaría en forma natural, los permisos para viajar seguían sin aparecer y la pesca siguió pareciendo muy lejana. Hasta que recibí un mensaje con una invitación para ir a pescar a Baradero para el Martes 13, la cual acepté sin titubear. Llegó un día sábado y solo faltaban tres días!!!  No quise preparar nada hasta el lunes, pero la cabeza me volaba, hacía rato no sentía ese grado de ansiedad . 

El lunes temprano me puse a preparar todo para ese lugar en particular, un arroyo no muy profundo y angosto por la sequía que está atravesando  la zona, ya estaba a horas de volver a sentirme vivo y en plenitud, porque yo «Pesco y luego existo, y después vuelvo a pescar».

Pero faltando apenas unas horas me llamaó quien me invitó, comunicándome muy afligido que estaba con un pico de presión, lo habían medicado y mandado reposo, la pesca quedaba suspendida.

Saqué fuerza de mí interior para no montar en cólera, conté no sé hasta cuanto, pero le dije que no se preocupe, que la salud estaba primero y que la pesca podía esperar. Lo cual para él era cierto, pero yo, no podía esperar más, o habría muerto esa misma noche. Así que apoyé mí cabeza en la almohada y pensé por unos momentos en desactivar la alarma de las 4AM. pero igual, la dejé.

Sonó, me levanté, agarré lo que ya estaba preparado, subí todo al auto, lo puse en marcha y mientras se calentaba el motor pensaba adonde ir. Cuando el reloj de temperatura del auto llego a los rectos 90º, había decidido ir a la laguna El Abuelo. Me acordé que todos los años en octubre doy el puntapié inicial a la temporada como buen augurio a ese espejo. Lo único que no me percaté es que era martes 13… Por suerte no soy supersticioso y puse rumbo hacia la laguna . 

Al salir a la ruta ya empecé a recobrar la vida que perdí en estos siete eternos y duros meses. Al llegar a la laguna, la barra verde de vida, cuan video juego, estaba cargada al mango.

Me recibieron con todo el afecto característico de los Petegoli, dueños del lugar, y después de todo el protocolo, me dispuse a caminar el campo, ver la laguna, y su fauna. Cisnes de cuello negro, patos, gallaretas, gaviotas, avutardas, chajás, teros, nutrias, y así llenar la otra barra, la roja la de Stamina. Pero me faltaba ver lo más importante, lo que está debajo del agua. Para eso habría que recurrir a mis dotes pesqueriles, se habrá ido la magia? – me pregunté, y así puse manos a la obra .

Después de unas horas de peinar toda la costa sin respuesta, era momento de entrar al agua. Evidentemente todavía las tarariras están en lo más profundo, así que empecé a vadear y recordé lo que es temblar de frío. Después de tanto tiempo en la comodidad del hogar es raro, pero esto es parte de la esencia de está actividad.

El frío valió la pena, se empezaron a dar los ataques y las capturas, eran todos ejemplares muy juveniles que son más activos. En verdad fueron muchas capturas, pero eran chicas.

Los ataques se daban muy lejos y con el agua por sobre la cintura por lo que se hace bastante incómodo trabajar bien los señuelos, aún con una caña corta como la que uso. Así que decidí salir del agua, mi plan era secarme en la tibieza del sol que aún estaba alto, serían las 15 hs., luego descansar un poco (también recordé lo que es caminar el barro vadeando) y cerca de las 17 buscar una zona propicia para pescar no tan metido en el agua, y ver si lograba pescar de superficie en baja profundidad más de cerca de mi campo visual para así disfrutar a pleno los ataques y sacar algunos ejemplares más lindos aprovechando a pleno la ventana de las horas mágicas.

Caminando y caminando encontré ese lugar que me permitió pescar con el agua a la altura de las rodillas pensando que los peces estuvieran comiendo a 10 o 15 metros de donde me encontrara. Ahí empecé como lo había hecho por la mañana: ranas de goma, trabajándolas despacio en cuanto a velocidad pero dándole mucha acción y vibración, un movimiento que lleva tiempo perfeccionar. Es como si al brazo de diera electricidad, eso genera un temblor en el artificial que se trasmite al agua en forma particular, pero la recuperación con el reel es muy suave. Y los ataques no se hicieron esperar  Así lo pensé y así se me di , «qué lindo cuando un plan se cumple» como decía Aníbal de «Brigada A».

Uno es arquitecto de su destino y siempre puede elegir. De una pesca suspendida, salió este puntapié inicial de temporada en esta laguna y la vuelta a la pesca después de tanto tiempo, hecho que no me siento capaz de describir con palabras y eso que escribo bastante, pero también tengo mis limitaciones y hay que reconocerlas.

Feliz de haber vuelto a la vida, y a la pesca, y de recordar que no es fácil la tarea del señuelero, caminar por el barro, estar en el agua helada, y además, al caer el sol me comieron los mosquitos… Pese a todo, después de tanto tiempo en la comodidad del hogar, lo sigo y lo seguiré eligiendo.

Equipo utilizado: Caña Tech Gozio xXx 5,6 pies 8 14 lbs., reel Quantum Energy cargado con multifilamento de 30 lbs.

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