ODISEA IBICUY thumbnail

ODISEA IBICUY

  ·   Ir a comentarios

Después de varias pescas canceladas por distintos motivos, tenía una abstinencia incontrolable. Sólo otro pescador lo puede entender, fueron tres pescas programadas y canceladas con todo preparado para ese lugar elegido…

POR WALTER GASTALDI

Ya que no me gusta llevar nada de más, ajusto el equipo, los señuelos, la indumentaria… cada detalle para el lugar al que voy. Y tuve que desarmar todo tres veces!

Estaba al borde de la locura. A punto de desarmar todo una vez más respiré profundo. Necesitaba pescar, pero no muchos pueden salir en día de semana, me puse a pensar en la compañía y me vino a la cabeza Adrián Copula de Los Felipes. En centésimas de segundos ya le estaba escribiendo. Por suerte me contestó enseguida y me dijo: sí, dale, vamos.

Cuando la gente es de fierro es de fierro, en cinco minutos arreglamos. Y así volví a preparar todo de nuevo, cosa que dicho sea de paso, me fascina, lo disfruto muchísimo, es pura expectativa de todo lo que está por venir, es dejar volar la imaginación, esa cosa que muchos a cierta edad pierden, es volver a ser niños, cuando teníamos a esa imaginación súper desarrollada, soñando todo el tiempo.

Llegamos a Ibicuy muy temprano, cerca de las 6 y 30. Es importante considerar que hay que tener mucho cuidado en la ruta que lleva a esta localidad, está muy deteriorada. Hay tramos en los que está muy bien y de repente aparece un “cráter” ineludible. Así que alerta con eso!

Buscamos una panadería, compramos algunas facturas, fuimos a la guardería, bajamos la lancha, acomodamos todo y salimos muy despacio, teníamos unos 50 km. hasta el lugar de pesca designado y la idea era ir paseando, tomando mate relajados, disfrutando del paisaje y llegar al lugar elegido con un lindo solicito.

Remontamos el Paraná hasta un canal en las Lechiguanas, entramos, y observamos un paisaje más escueto y monótono. Cambiamos la primera cebada.

Ya estábamos a más de mitad de camino cuando dentro de ese canal el motor “tosió un adiós”. Nos recostamos sobre una orilla de ese canal y por más de una hora se hizo lo que se pudo por reanimarlo y no se logró. Estábamos en el medio de la nada sin señal en los celulares y para colmo era un día de semana.

A pesar de que para mí esta salida era para aplacar las sedientas ganas de pescar después de tantas cancelaciones, lejos estuve de fastidiarme, lo tomé y en verdad, todos lo tomamos con la mejor onda y humor, de hecho nos reímos como locos de la situación.

Eran las 9 hs. y empezamos a remar ese arroyo de regreso hacia el Paraná. Por suerte estábamos río arriba, por lo que la corriente indefectiblemente nos arrastraría hacia el lugar de partida. El río está muy bajo y por consiguiente su corriente es más débil. No íbamos a la velocidad pensada, el Gps marcaba 3 km/h., Luego de un descanso con los remos, retomamos la acción. La velocidad era de 5 km/h, y sólo había dos remos, uno lo usaba yo, y el otro Adrián.

Mario Copula y Gustavo García Zivano se dispusieron a preparar una vela hecha con una frazada que había en la lancha y dos palos usados para impulsarse en aguas bajas. Así la velocidad subió a 7 km/h, la máxima lograda, pero todavía nos encontrábamos a unos 35 km. de distancia del lugar de destino. A todo esto íbamos con el mejor humor haciendo bromas, la señal de los teléfonos no venía y lo de la vela improvisada duró poco, ya que cambio el viento y no nos era favorable.

Se partió un remo y así bajamos a unos tétricos 4 km/h. Estuvimos a la deriva hasta las 15 hs. cuando divisamos una casa, pudimos hacer costa gracias a haber reservado la energía de la batería del motor eléctrico. Salió el dueño de la casa que por suerte tenía WiFi.

Los Felipes tienen otra lancha en la guardería que estaba sin el tanque de combustible. Se comunicaron y la solución que encontraron era que nos mandaran un remis, pero éste sólo llegaba hasta un camping que estaba a 5 km de la casa en la que estábamos. Desde allí llevaríamos con el Remis el tanque de combustible y vendríamos con la otra lancha.

Así que arrancamos a caminar por el agua a metros de la costa, llevando a tiro la lancha. No regresamos al agua por miedo de perder el control y no poder hacer costa en el camping que iba a estar el Remis, ya que no había más energía para el motor eléctrico.

Tenía miedo de pisar una raya a cada paso. Toda esa costa es de arena, por lo tanto es lugar muy apto para esa especie. A ese miedo se le sumaban otros, pasamos varios postes de alambres caídos, podía también haber vidrios de botellas rotas, infinidad de anzuelos de líneas enganchadas, etc. Por suerte no pasó nada de eso y a las 16. 30 aproximadamente ya estábamos en el camping, el remis estaba ahí.

Adrián y Gustavo fueron en el vehículo a buscar a la otra lancha. Mario y yo volvimos al agua y seguimos a la deriva, en algún punto la lancha de rescate nos iba a encontrar y así fue. Cerca de las 18 nos encontramos y emprendimos el regreso.

Quería pescar, aunque más no sea unos tiros. Adrián me dijo que de camino hay un canal que no es muy prometedor. Por la cercanía está muy castigado, pero unos tiros podíamos hacer. Que emoción! agarré la caña , preparé el boga grip, la pinza, el bolsito con los señuelos… estaba más listo que un Boy Scout.

Paramos donde se formaba una bahía, fue complicado acomodar las lanchas una atada a la otra, pero no teníamos mucho tiempo, como quedaron, quedaron. Todos empezamos con ranas traileadas con cucharas buscándolas abajo. En mi caso usé la infalible Gozio Lure Soft.

Los piques de tarariras empezaron enseguida, era una atrás de otra, dobletes y tripletes, algunas muy lindas, al fin estaba pescando! No lo podía creer, a esa altura del día pensé que no lo iba a lograr. Después de 4 o 5 capturas, probé el nuevo Chatterbaits de Tsk Tsurikobo que anduvo de maravillas.

Luego fui directo a pescar en superficie, así tardaban un poco más en atacar, pero las que lo hacían se tiraban con todo, sacando toda el alma fuera del agua.

Fue todo un espectáculo, los chicos también hicieron lo suyo, y salieron paseantes, poppers, sliders… de todo, un show de ataques en superficie. En la vorágine de la pesca no nos percatamos de que teníamos encima una tormenta eléctrica, pero ni los rayos más destellantes ni la torrencial lluvia que nos azotaron, nos hicieron dejar las cañas.

Por suerte la tormenta, como vino, se fue, no sin dejarnos empapados. Después de esa lluvia las tarariras quedaron un poco recelosas, y la pesca costó un poco más, pero así fue como salieron las más grandes.

La mejor captura fue  la del señor Gustavo, un ejemplar de más de 3 kg. Así cayó abruptamente la tarde y el momento de volver con una lancha a remolque. El tiempo apremiaba y no fue más de una hora y media de pesca que me dejó muy satisfecho. Ahora sí, ya puedo aguantar algunos días sin pescar!!!

readers comments




179 views