PARAÍSO LAS GRUTAS thumbnail

PARAÍSO LAS GRUTAS

  ·   Ir a comentarios

En el cumplimiento de los sueños trazados de descubrir un Mar Argentino patagónico, armé mochila y equipos para empaparme de un viejo sueño de adolescente pescador: “Las Grutas”…

POR ALEJANDRO MARIANO FERRÍN

Se trata de un balneario de 8000 residentes, que se esculpió a expensas de las generaciones (hoy existentes) de pulperos y que tomó fuerza en los años 80 por intermedio de los vecinos de San Antonio Oeste. Ubicado a casi 200 kilómetros de Viedma, en la Provincia de Río Negro, usufructúa las aguas más cálidas de la Argentina gracias al famoso “efecto palangana” del Golfo San Matías y los curiosos e infatigables juegos de las mareas en sus costas, que descubren los fondos para ser calentados por el sol y luego transfieren la temperatura al agua que va ingresando sobre la costa. En la cama de Las Grutas, la pleamar vendría a ser las sábanas que se desplazan cubriendo todo el colchón de arena y piedras, llegando a las almohadas de acantilado. No existen las canaletas, todo es una chatura paradójicamente engrandecedora.

Las diferencias habituales entre las bajamares y pleamares son de 8,5 metros (las mareas extraordinarias de sicigia alcanzan diferencias de 11 metros) que se traducen en varias cuadras infatigables de playas en donde reina el estrato intermareal; es ni más ni menos que una monarquía de microcosmos devenidos en cuencas improvisadas, en los que quedan atrapados moluscos, algas, pequeños sargos, cangrejos y diversos anfípodos debajo de una vitrina salada totalmente transparente al alcance de los curiosos. Sin llegar a tener los ojos calypso, podemos sentirnos verdaderos Cousteaus descubriendo las fascinantes formas que adquiere la vida subacuática.

En los meses estivales la pesca de costa se remite a dos vedettes con cartelera diaria: el pejerrey y el sargo. La pesca de pejerrey es enteramente de fondo, con un plomo acorde a la puntera de la caña y a cómo se encuentra comiendo (más arriba, se deberá pescar “flotado” con un plomo más liviano y más abajo, se podrá utilizar un plomo más pesado). Las punteras son muy finas y sensibles, aunque las cañas se hibridan con un taco rígido, de otra marca y modelo. Volviendo a los plomos, se utilizan formas lisas que tiendan a no engancharse en las piedras. La línea es una madre de 0,40 mm con tres anzuelos accionados por micro rotores metálicos. Las brazoladas, cortas de 0,28 a 0,33 mm y los anzuelos, son ínfimos a comparación de los que se emplean en otras pescas de pejerreyes marinos en la provincia de Buenos Aires. Son mayoritariamente de paleta, japoneses, números 8 al 11, dado que la boca es notablemente chica y son hábiles descarnadores. Tiene esta técnica con sus artes un sabor a la pesca del juncalero en el Guazú, ya que se necesita muchísima atención, sutileza, tacto fino, astucia en la búsqueda y cambio de brazoladas con distintos tamaños de anzuelos buscando el que mejor se adapte al tamaño preponderante de las piezas. La carnada sin excepción es el camarón teñido con colorante de repostería amarillo, bañado en aceite de bonito. Se cortan ínfimos trocitos los cuales se encarnan sin atar. Me llamó poderosamente la atención que ignoran el mismo filet de su especie.

El lanzamiento no va más allá de los 30-40 metros y hay que buscarlos a todas las distancias. Se los suele ver en la matriz misma del tubo de la ola, cortando con su estola el reflejo sin tiempo del agua.  A veces comen pegados a la rompiente más pequeña de la orilla y sin embargo, otras tantas se acarduman más alejados. Aquí se juega la hiperkinesia pescadora de cada uno, con breves tironcitos estimuladores y abortando lo que no es efectivo en la quema de todas las naves disponibles.

Tras 16 horas de viaje, ni bien acomodé las cosas en el monoambiente, mi amigo Fabián Palacios me pasó a buscar para hidratar los anzuelos secos y con ganas. Fuimos a un lugar llamado “Terraza al Mar” que dista unas 15 cuadras de la famosa bajada del Balneario “La Rinconada”. Fabián no sólo es un pescador de todo el año, sino que es un concursero nato; aquellos obsesivos planificadores que tienen un objetivo entre ceja y ceja, se reinventan jornada tras jornada, ceden sus conocimientos sin segundas intenciones y de paso, ejercitan la profesión de tipazos. Para más datos, resultó Campeón de la Fiesta Nacional las 6 hs del Pejerrey 2017, en playas de Las Conchillas, en el Puerto de San Antonio Este. La muñeca del experto baqueano se hizo pesar en una proporción de 4:1 y obtuvimos muchos “tosqueritos” y “blanquitos”, de los tamaños que los bonaerenses mediomunderos estamos acostumbrados a nombrar al “cornalito” y al “cornalote”.

La pesca de sargos es eléctrica, voraz y con equipos livianos, emocionante. La realizamos de noche, junto a Micaela en las piedras correspondientes a la 3° bajada, en donde está enclavada la Prefectura Naval Argentina. Allí conviven las luces y la estridencia que desciende de una peatonal de temporada con la bravura del mar más oscuro, en la tranquilidad sin bañistas, que vence a las aguas. La línea también está compuesta de 3 anzuelos niquelados mucho más grandes, n°3, encarnados con langostino crudo y atado con hilo de goma, terminando con un plomo almeja o volador de 50 gramos. No son necesarias las salidas o chicotes, sino que con un buen nylon 0,35 mm del reel, basta. Conviene hacer aparejos más rústicos, prescindiendo de elementos costosos y además llevar grandes cantidades por los sorpresivos enganches entre las piedras. No hay que efectuar largos lances, no más allá de los 30 metros, despegando un poco la línea del fondo y recogiendo sin medias tintas en velocidad y con la caña en alto.  En el marco de la misma pesca, capturamos algunos meros pequeños, los cuales resultaron una verdadera sorpresa, ya que no se dejan ver durante el día y presumimos que no podíamos obtenerlos desde la playa.

En relación a la pesca de altura, está supeditada a que la embarcación se pose sobre planchones de piedra (aquí se refugian meros, salmones, cabrillas, besugos, pez palo y cabrillas) y que no haya lobos marinos al acecho que rompen con la alimentación de los cardúmenes, provocando la huida a sus escondites de piedra. Allí, el pique se corta y es imperativo, redireccionarse hacia otras coordenadas. Salimos muy temprano desde Punta Verde, en San Antonio Oeste, para ingresar en el Golfo y recorrer los points marcados por el capitán. Pescamos cinco horas, a una profundidad de entre 15 y 20 metros, obteniendo muchísimos besugos, meros pequeños, dos salmones (el más grande de 7 kilos), cabrillas y peces palo. Utilizamos líneas de dos anzuelos con calamar de carnada y plomos de 400 gramos. Queda pendiente y rebotando en la piedra más profunda de mi cabeza volver con equipos de deep y light jigging, modalidades que el capitán me señaló como no practicadas en la zona, que cuenta con muchísimo potencial.

En la abreviatura del sentimiento, si la proyección de Edén, del hebreo “lugar plano más allá de las tierras cultivadas”, pudiese transferirse a un jardín personal tapizado por transparentes aguas que lo visitan dos veces al día y que inundan de vida esa planicie, no distaría mucho del título seleccionado por un corazón pescador galopante: “Paraíso Las Grutas”  

readers comments
  1. Alejandro Ferrin on febrero 19th, 2018 10:35

    Quedó preciosa la nota! Es un placer sentirme parte del portal y un lujo, tu amistad! Abrazo querido Vic!

  2. admin on febrero 19th, 2018 11:17

    NdelaR: Muchas gracias a vos, Ale! Es un lujo contarte entre nuestros colaboradores (y ni que hablar entre mis amigos!)




265 views