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OJO DE AGUA

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Compartimos con nuestros lectores el relato de una salida de pesca relámpago en un lugar tan raro como inesperado…

POR WALTER GASTALDI

Un amigo me llamó el martes por la tarde para comentarme que al día siguiente iba a ir a pescar, ya que tenía franco. Iba con su primo y su hijo de 11 años. Por casualidad yo también estaba de franco y le dije sin dudar: entra uno más?, y así, arreglamos.

El miércoles a la mañana, pasaron los Gerstner a buscarme, Martín, Fabián y el pequeño campeón Facundo, el clima era inmejorable. Presentía que iba a ser una gran jornada, fuimos a varios lugares conocidos por nosotros, pero con mucha sorpresa los vimos completamente tapados de vegetación, con un colchón super denso de repollitos de agua y demás yerbas.

Recorrimos varios espejos y todos estaban en la misma situación. Probamos en algunos arroyos donde el agua corre y por ende arrastra y así se lleva la vegetación, pero no eran los lugares más propicios para nuestras queridas Hoplias. Si bien en estos lugares había, no están en la misma calidad ni cantidad que en los espejos recorridos. En dichos arroyos sacamos una acá y una más allá, hasta que vimos una laguna que no conocía y decidimos probar.

Había que meterse al agua. Nos adentramos Martín y yo, y si teníamos resultados le haríamos señas al resto del equipo, y además, queríamos chequear la profundidad para que Facu no corriera riesgos.

Habremos testeado unos 30 minutos. Si bien sacamos un par lindas, las respuestas fueron pocas.

Entre miles de casteos se iba pasando en día. Y entrada la tarde, cerca de las 15, decidimos pasar por un espejo que estaba más alejado al que para llegar hay que caminar bastante, pero sabíamos que es rendidor.

Para nuestro pesar, después de la larga caminata, estaba también completamente cubierto, ya resignados volvíamos hacia el vehículo. Caminando, Martín vio un reflejo entre la vegetación, era el sol que se reflejaba en el agua… y dijo, voy a probar ahí.

Se adentró entre los yuyos mientras yo me quedaba pensando en que hacer, cual sería el próximo paso, donde ir … cuando escuché que “explotaba el agua”.

Martín estaba pescando, nos metimos todos entre las ramas y cuando vi el lugar no lo podía creer, era un ojo de agua alargado entre la espesa capa de repollos, que tendría unos 15 m. de largo por 1,5 m. de ancho.

El ambiente daba sólo para utilizar ranas antienganche, hacíamos un tiro pasado para que cayera sobre el colchón de vegetación más alejado y recogíamos despacio. La rana no hacía más que caer al agua y de inmediato había una explosión, como si se tirara una granada al agua.

En ese estrecho ojo de agua hicimos toda la pesca con la captura de ejemplares muy buenos y robustos, era una fuente de Hoplias.

Pescábamos una tras otra y no se cortaba, lo malo es que prácticamente no había pelea, porque no teníamos oportunidad, había un ancho de un poco más de 1 metro y había que clavar y sacarla de inmediato arriba del colchón vegetal, y paso seguido, dejar la caña, agarrar el multifilamento con la mano (para no arriesgar la integridad de la caña ya que había que tenerla bien arriba en un ángulo muy comprometido) y arrastrar la captura hasta nuestra ubicación.

Ya había que volver, de camino al auto, hablábamos de que la pesca así no tenía mucha gracia, yo no estaba de acuerdo, la gracia en sí de la pesca y más con artificiales, es engañar a la presa, clavarla, y sacarla del agua. Obviamente, cuando se da en un lugar limpio y el pez presenta buena batalla se da una condición ideal y de pleno disfrute, pero como decía, la gracia está en engañarla y sacarla… y otra cosa!

Par a destacar es el hecho de no subestimar ningún lugar, si no fuera porque Martín quiso hacer unos tiros ahí yo lo pasaba por alto, (Martín iba muy atento porque estaba abajo en el marcador jajaja!

Muchas gracias a los Gertsner y destaco a Facundo que “se la bancó” muy bien, pescando con calor y con largas caminatas en suelo firme y también en el barro. Hay mucho futuro para el pequeño pescador!

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