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VICTORIA SOÑADA

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Si bien el título podría hacer referencia a la excelente pesca que realizamos, en realidad se refiere a la localidad en donde se llevo a cabo este relevamiento, un hermoso y cálido pueblo de la Provincia de Entre Ríos…

POR WALTER GASTALDI

Compartí esta pesca con Leandro Bianchi bajo los servicios de “Victoria Pesca”, del guía Álvaro Verbauvede. Teníamos dos días por delante para buscar y pescar dorados. El delta de Victoria es realmente un laberinto casi indescifrable para el forastero, un sin fin de canales, lagunas y arroyos. Si bien el río está bajando, todavía hay muchos campos inundados con desbordes y lindas salidas de agua.

Salimos lo más temprano que la bruma nos dejó, en esta época es una zona de mucha niebla, pero a las 9 ya estábamos navegando. El tiempo estimado al primer point de pesca fue unos 15 minutos. Nos pusimos al preparar los equipos, Leandro fiel a su Spinning, con una caña Evolución 10/20 lbs. de Marine Sports y un reel frontal Aluma 2000, yo, en Baitcasting con una caña Tech Gozio de 5,6 pies y 10/17 lbs. con un reel Quantum KDV 101H . 

Llegamos a la punta de una isla en la que el agua pegaba en forma prometedora. Empecé con una Banana de bait mediana para trabajar a media agua y Leandro con un Lipless para probar un poco más abajo. “Golpeamos” esa punta y la costa por donde corría el agua y tuvimos un par de toques tímidos. Volvimos a retomar esa pasada y Leandro logró la primera captura. Acto seguido, mientras aún lo estaba levantando coloqué también un Lipless. No me preocupó mucho el color ya que el agua estaba increíblemente clara, perfecta para la pesca con artificiales. Al segundo tiro tuve un ataque, clavada y captura.

Ya le habíamos sacado dos chiquitines al lugar. Nos cruzamos a la costa opuesta y el arroyo pegaba de igual manera ene las dos márgenes. Realizamos la misma operatoria, hora de sacarse la campera, y todo se pondría mejor.

Llegamos a una entrada de agua a un campo con  poca profundidad. Volví a poner la Banana, Leandro un Inna, y allí fue una fiesta, tiro a tiro eran ataques, saltos, capturas, y por supuesto, algunos se iban.

El aumento de la acción  hizo que me tenga que sacar la “segunda piel”, en un rato levantamos más de 20 dorados y estábamos recién a mediodía.

En un determinado momento se cortaron los ataques y nos movimos, Álvaro nos llevó a un arroyo más profundo donde Lea siguió firme con los Lipless y yo puse el Gozio Shadow. Ambos me decían “esos señuelos no son para acá”, por el tamaño de las capturas, y un poco de razón tenían, pero aprovechando la gran actividad que había, no era para despreciar la oportunidad de hacer pruebas de campo, uno está siempre en continuo aprendizaje.

Preparé varias combinaciones de señuelos “tuneados”, con triples cambiados, otros con triples adelante y simples atrás, otros sólo con simples.

Haciendo una rápida evaluación me dio mucho resultado el triple adelante y el simple atrás , el simple de atrás tuvo mucha efectividad en la clavada, y ninguno se soltó, y cuando el pez venía clavado del triple de adelante, el simple de atrás no causó tanto daño como suele hacerlo el triple, que en muchas oportunidades se les clava en el cuerpo generando más heridas, todo esto no es definitorio hay que seguir probando, pero es un comienzo.

Igual les cuento que los atrevidos se le tiraban a la Gozio descaradamente, es un señuelo grande muy grande, pero no tanto como la voracidad de nuestro hermoso dorado, así y todo, erré muy pocos ataques, le dieron lindo castigo al mojarrón.

En este lugar pescamos aproximadamente otros 20, se espaciaron los ataques y Álvaro propuso movernos, quedaba a lo sumo una hora de pesca, pero nos dijo que íbamos al mejor lugar, el que tiene guardado para lo último.

Llegamos a ese sitio, Leandro estaba cansado y dijo “pesquen ustedes”, nos anclamos a la distancia justa de la corredera, tiré y cuando cayó el señuelo al agua un dorado lo tomó en superficie. No me dejo ni recoger, lo clavé y saltó, atrás tiró Álvaro, hizo dos vueltas de manija y tuvo su ataque, primer doblete, fotos y al agua.

Volvimos a tirar y se repitió la ecuación, no sólo había muchos, sino que también eran de mejor porte y se hacían muy fuertes en la corredera.

Mucho disfrute, le sacamos al lugar unos 15 dorados, nos soltamos, le hicimos una deriva a esa misma corredera y con Leandro obtuvimos dos hermosos ejemplares, los más grandes del día. Con eso dimos por terminada una jornada con más de 60 capturas, y todavía nos quedaba otro día por delante… una locura!!!

Para resumir, el segundo día fue prácticamente igual, con la particularidad de un aumento de tamaño en las capturas. Victoria a veces no es un destino muy tenido en cuenta, pero les aseguro que está muy bien poblado de doraditos y la diversión está asegurada.

Les quiero también contar que Álvaro es un especialista en surubí y que en unos meses empieza su pesca con la posibilidad de obtener muy buenos ejemplares. Visítenlo porque es una excelente opción.

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