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DESPEDIDA DE TEMPORADA?

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Estamos en abril y las tarariras aún están muy activas para quienes las quieran seguir buscando…

POR WALTER GASTALDI

Aprovechando el feriado XXL, salimos junto a Federico y Nahuel para meter dos días a pura pesca, con acampe, y todo lo que ello implica, incluso en esta ocasión, sumamos a la logística un gomón inflable Zodiac con un motor Suzuki de 15 hp.

ELIGIENDO DESTINO

Partimos el viernes a las 6 AM desde Buenos Aires sin haber definido el lugar. Teníamos en mente dos opciones, que hasta cierto punto del trayecto, quedaban hacia el mismo rumbo: una era el delta de Villa Paranacito, lugar que ya conocíamos, y la otra era acercarnos a Mazaruca y explorar por ahí. Lo decidiríamos en el viaje, pero desde la partida hasta Zárate, no nos pudimos poner de acuerdo, por lo que una moneda decidió nuestra aventura. Al final de la suerte decidió que vayamos a Mazaruca.

EN EL LUGAR

Buscamos un camping en donde hacer base y desde allí salir a recorrer el río con el gomón. Nos  ubicamos a orillas del Paraná Pavón, justo frente al arroyo Lechiguanas. Tardamos un buen rato en armar el campamento, en inflar el bote y tener todo listo. En esos enseres se nos hizo el mediodía, cuando salimos a la aventura.

UNA COSTA DIFÍCIL

Cruzamos el Pavón hacia la costa en la que nace el Lechiguanas, y lo empezamos a remontar. Pensé encontrarme con un escenario parecido al que está del lado del Guazú, con una costa generosa para bajar, desbordes, arroyos que entran a las islas y hacen lagunas para pescar de costa… pero no.

Federico tenía decidido pescar con Fly, Nahuel y yo con Baitcasting. Era en mi mente inviable pescar desde la pequeña embarcación, pero nos encontramos con un paisaje muy distinto al que esperábamos, más agreste, con una exuberante vegetación de costa que hacía imposible el desembarco, y nada de arroyos que entraban, y por ende nada de lagunas. Navegamos por más de una hora sin encontrar un lugar propicio.

De pasada habíamos visto unas entradas de agua muy pequeñas que no tenían más de 15 o 20 metros cuadrados de superficie, las pasamos por alto en aras de encontrar ese lugar soñado que nunca apareció. Tal vez más adelante estaría, pero sólo podíamos navegar hasta el medio tanque, ya que teníamos que considerar el regreso. Paramos a comer,  ya se habían hecho las 16 y no habíamos hecho ni un sólo tiro, pero la pesca es mucho más que el mero hecho de pescar, es disfrutar de la naturaleza, explorar, buscar esos lugares que hacen la diferencia…

Emprendimos el regreso pensando en pescar en esas entradas de agua que divisamos en el trayecto de ida. Fede era pesimista  “No vas a escribir un informe de esta salida, supongo”, me dijo, a lo que repliqué “Esperá, la jornada aún no terminó y además, mañana tenemos todo el día!”

EL DESTAPE

Llegamos a la primera entrada de agua. El lugar se trata de un pequeño accidente que forma una bahía que rompe la monotonía de la costa, allí se forma un remanso y el agua no corre. Nos fuimos acercando muy despacio parando el motor unos metros antes. Nos amarramos en unas plantas y bajamos. El espacio era muy reducido y nos acomodamos de la mejor manera posible. Fede se ubicó en el flanco derecho ya que precisaba espacio para castear, por lo que le dimos el mejor lugar, ya que el pescador de  Fly necesita más lugar para los movimientos. Nahuel y yo estábamos codo con codo.

Bastó el primer casteo para que empiece la función. Los tres tuvimos ataques simultáneamente. Fue una locura, logramos varios tripletes, dobletes, y ataques de todo tipo. Arrancamos de superficie hasta que se espaciaron los piques, bajamos un poco y siguieron. Se volvieron a espaciar y las buscamos más abajo con gomas lastradas, y de vuelta, los ataques. Esto no duró mucho dado que el sitio para pescar era muy reducido, pero fue muy intenso, en media hora obtuvimos unas treinta tarariras.

Es sabido que estos peces se refugian en este tipo de  lugares, con aguas calmas y bajas rodeadas de vegetación, y que en esos sitios se los puede hallar reunidos.

Nos dirigimos hacia la próxima entrada de agua aplicando una metodología repetida. Nos bajamos en un lugar que tenía más vegetación que el anterior. A Fede se le hizo imposible hacer Fly, por lo que Nahuel le prestó su equipo de Bait y empezamos a pescar. Ocurrió exáctamente lo mismo. Estaban todas juntas.

Hicimos un pescón!, fue una captura tras otra, pero por lo acotado del espacio del que disponíamos, a los veinte minutos se cortó la actividad.

Nuestras sonrisas eran de oreja a oreja pensando que nos quedaban por delante dos entradas de agua má, en las que pasó lo mismo! Todas las tarariras estaban en treinta metros cuadrados de agua, qué manera de pescar!

En el último point, ya teníamos el ocaso encima, y además se levantó una fantasmagórica nube de mosquitos.

Con más de cien tarariras pescadas y devueltas, nos retiramos y llegamos a cruzar el Pavón con el último atisbo de luz, y de combustible.

EL DESCANSO

Ya en el campamento prendimos un lindo fuego. Preparé un suculento asado. Comimos y bebimos, la charla fue poca y el cansancio, mucho.

SEGUNDO DÍA

Amanecimos con el canto de un gallo lugareño. Los mejores mates, y la decisión de remontar el Pavón aguas arriba. Salimos muy temprano. Tras cuarenta minutos de navegación, no hallamos un lugar propicio. Nada, ninguna entrada de agua, arroyo o laguna, nada.

Decidimos seguir hasta el medio tanque de combustible, con el aliciente de que en el regreso tendríamos la corriente a favor, y de última, podríamos volver derivando. Continuamos río arriba y cuando nos percatamos de haber consumido el medio tanque, vimos que el curso se abría, y sobre nuestra derecha se internaba un arroyo. Nos internamos en él, y era lo que tanto estábamos buscando. Lo habremos recorrido por unos dos mil metros cuando llegamos a un tapón con densos camalotes. Había otro problema y no menor. Por las características de la costa no se podía desembarcar, pero parecía ser la tierra prometida para la pesca de tarariras.

Nos organizamos muy bien en el gomón para poder lanzar los tres y en especial, para que Fede pueda hacer Fly, lo que pintaba imposible, pero al fin de cuentas, lo logramos.

UNA PESCA PARA RECORDAR

Obviamente estábamos más expuestos a los accidentes de pesca, varios anzuelos pasaron demasiado cerca, y Nahuel, paró de pecho una rana de goma que salió disparada después de que una tararira la escupiera en el momento de la clavada. Lo bueno es que nada malo ocurrió, lo que sí sucedió, fue la tremenda pesca que hicimos, que tal vez no se vea reflejada en las imágenes en todo su esplendor, puesto que estábamos con los movimientos muy limitados. Las fotos fueron por lo mencionado, muy esporádicas. Quizás cada veinte capturas, sacábamos algunas tomas.

Cuando se cortaba un poco la actividad nos movíamos unos veinticinco metros y volvíamos a empezar. Había muchísima cantidad, todas de medianas a chicas, con algunas lindas intercaladas.

Pese a la febril actividad se notó que estos peces ya no están comiendo con el ímpetu del verano. Si bien pescamos muchas en superficie, la mayoría de las capturas se dieron abajo y estaban muy mañosas. Aún dejándolas comer con tiempo, venían clavadas justas, del labio. 

No recuerdo quien preguntó la hora, pero ya eran las 14 y 45. Nos miramos y dimos por finalizada la jornada. Desde la 8 estábamos pescando sin parar.

No quiero dar un número de las capturas obtenidas porque sería casi obsceno. Podríamos y deberíamos haber cortado antes, pero esta pesca es adictiva. Es difícil dejarlas en paz.

Volvimos al campamento y comenzamos a desarmar muy prolijamente la carpa, debíamos también desinflar y guardar el bote.

EL FINAL

Terminamos esta actividad cerca de las 18 con todo acomodado en la camioneta y tomamos unos mates frente al río admirando el atardecer en la hermosa playa de arena, para luego comenzar el regreso satisfechos por la tarea realizada.

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