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BUSCANDO LAS MARRONES MIGRADORAS

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Marzo, abril y mayo son meses en los cuales pescadores deportivos de todo el mundo se acercan a nuestras tierras en busca de las truchas marrones migradoras de final de temporada…

POR LEONEL CARDELLA

Hay varios sitios en nuestro país donde buscarlas y uno de ellos es Piedra del Águila, que es una localidad ubicada en el departamento Collón Curá en el sudeste de la provincia del Neuquén, en la Patagonia Argentina, y en donde la temporada de pesca finaliza el 31 mayo extendiéndose sobre el resto de los sistemas hídricos.

Con la llegada a tierras gauchas de Alejo Díaz, dueño de Tucunaré Lodge, teníamos como objetivo principal lograr capturar alguna trucha de esta especie; y así fue que partimos con destino al Río Limay medio. Este curso, nace en el extremo oriental del lago Nahuel Huapi y recorre en forma serpenteante unos 500 km. en dirección noreste, sumando afluentes como el río Traful, el río Pichileufú, el río Collón Curá y el río Picún Leufú, hasta encontrarse con el río Neuquén formando en su confluencia, el río Negro.

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En su recorrido tiene varias represas y esconde grandes trofeos, pero no es nada fácil pescarlo, alguna vez escuche de un pescador «es un río que lo odiás, o lo amás, cuando estas pescándolo muchas veces te preguntás: ¿para qué vine?, ¿qué estoy haciendo mal, por qué no me quede en casa?… y cuando estás en casa decís “qué lindo sería estar pescando el Río Limay»

Con este panorama preparamos una semana completa para lograr la meta. Lamentablemente cuando llegamos al lugar, las noticias no eran buenas. La pesca estaba muy mala, los experimentados guías de la zona nos decían que flotando el río, con suerte estaban pescando alguna que otra trucha y nuestra intención, para colmo de males, era pescarlas vadeando.

Teníamos un pronóstico muy desalentador… pese a todo le hicimos frente a la adversidad y comenzamos a lanzar nuestras moscas al agua. El primer día aconteció sin un solo pique recorriendo kilómetros de río sin tener resultados positivos, pero la moral del equipo no decayó, nos decíamos “mañana será mejor”, entendiendo que las marrones todavía no habían migrado en cantidades significativas desde el Lago Ramos Mexia, ubicado en El Chocón.

A la mañana siguiente comenzamos muy temprano a pesar del intenso frío. Las marrones tienen hábitos de alimentación en la oscuridad y hay que aprovechar al máximo las horas crepusculares, esto no quiere decir que a pleno día no pesquemos una trucha, pero tendremos muchas más chances con la mencionada condición.

El segundo día de nuestra estancia se presentó de similar manera al anterior, sólo obtuvimos algunos piques fallidos y dos pequeños ejemplares de truchas Arco Iris. El mayor inconveniente que encontrábamos – según los lugareños – fue que el río se hallaba muy bajo y la represa hidroeléctrica, al no estar generando energía, era la causante del nivel.

Así, con el correr de los días y sin poder obtener lo que fuimos a buscar, decidimos cortar con la monotonía y trasladarnos en un viaje relámpago hasta la ciudad de Bariloche que se encuentra a 200 km. de Piedra del Águila. Allí nos dirigiríamos al lago Fonk que está situado dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi.

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Realizaríamos la pesca a bordo de embarcaciones Carolina Skiff con motores de 4 tiempos, ya que en este lugar está prohibida la navegación con motores a explosión (2 tiempos) por ser contaminantes para el ecosistema.

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Para esta ocasión bajamos los números de los equipos y utilizamos cañas número 4# y 5# con líneas de hundimiento rápido porque para esta época, en este espejo, las truchas se encuentran en la profundidad. La particularidad de este lago es que posee tres tipos de trucha: Arco Iris, Fontinalis y Marrones. El pesquero está enmarcado en un escenario único rodeado de montañas y a la vera del cerro Tronador.

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Por el contrario al río con el que veníamos luchando para obtener algún pique, aquí los salmónidos no se hicieron desear. Obtuvimos muchos ejemplares de Arco Iris y Fontinalis muy bien alimentados y combativos de entre 1 y 2 kg. de peso, pero la trucha Marrón, la especie que motivó nuestro viaje, seguía esquiva.

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Luego de un intenso y fructífero día de pesca ya estábamos listos para volver a batallar el Limay, sólo nos quedaban dos días para arrebatarle al río nuestro trofeo.

Para sorpresa, cuando llegamos, detectamos que la represa se había abierto, lo que instantáneamente hizo que el río engorde su caudal y arrastre una gran cantidad de insectos y materia orgánica de sus costas, esto se traduce en alimento, lo que nos da como ecuación que las truchas deben moverse de su letargo.

Así fue que con renovado entusiasmo empezamos a pescar, lentamente transcurrieron las horas y los lances sin tener resultados satisfactorios, hasta que sobre el ocaso del día obtuvimos la primera marrón de nuestra travesía. No era de las grandes, pero era lo que fuimos a buscar, un ejemplar residente de 1,5 kg. aproximadamente, digo residente porque hay truchas marrones que realizan su ciclo de vida dentro del río y no migran desde lago para su reproducción, lo que hace que su coloración sea marrón acentuado con pintas negras, y no con tonos plateados como lo son las migratorias recién ingresadas al río.

El último día aconteció muy feo con vientos relativamente fuertes, lo que dificultaba el casteo. Entrada la mañana, Alejandro tuvo un muy buen pique que derivó en un corte, ya que su leader poseía algunos nudos de viento, esto ocurre por acelerar demasiado la mano hábil que sostiene la caña al momento de lanzar, produciendo lo que en la jerga se llama tailing loop, formando nudos sobre el leader. Acentúo esto porque como dijimos, no es un río fácil, y no se puede dejar nada al azar ya que podemos perder una gran presa por negligencia propia, es por ello que cada cierta cantidad de lances debemos revisar el leader.

Dadas las circunstancias y la “no pesca” decidimos emprender el regreso a la tarde después de almorzar y no a la madrugada del día siguiente como teníamos previsto, pero no sin antes realizar unos últimos tiros con la esperanza de que este majestuoso río nos «pague».

Y así fue que alrededor de las 16 hs. en una de las derivas, el “monstruo” se hizo presente: un hermoso macho de unos 5 kg. tomó mi mosca y todo el esfuerzo realizado durante los días previos encontró su premio.

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Dicen que el río Limay es el río de los mil tiros, y así lo puedo aseverar. Finalmente lo que fuimos a buscar salió del agua después de nunca darnos por vencidos… ni aún vencidos.

EQUIPOS

Cañas G-loomis CrossCurrent, Redington Redfly 8# de 9 pies, Echo3 5# de 9 pies, Orvis Clearwatwer 4# de 9 pies,  relees Orvis Clearwater, Sth Pop, Gray Gull serie A y Loop Multi con líneas WF8F, WF5F, Quickdescent, Streamer-express hundimiento IV, Shooting hundimiento IV y II.

readers comments
  1. ALEJANDRO PODESTA on mayo 20th, 2016 12:49

    Qué linda pesca que hiciste, Leonel !!
    Saludos !

  2. Facumdo on julio 9th, 2019 10:44

    Hola Leonel… podrías hablar un poco de las moscas utilizadas en este río?
    Gracias.




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