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EL BIGUÁ – PESCADOR PERMEABLE Y GLOTÓN

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Nuestra sección “Compañeros de pesca” presenta a un asiduo concurrente de ámbitos en los que pescamos: el biguá, cormorán o cuervo de agua…

POR ALEJANDRO FERRÍN

Los pescadores deportivos que hacemos apología de la pesca desde la costa, solemos toparnos con manchas negras de vuelo rasante y  acrobáticas zambullidas que buscan saciar un inmenso apetito. A ese mismo encuentro le sigue el temor interno de saber que los espacios más próximos a nuestros plomos y/o boyas están alterados: Los cardúmenes tienden a huir a sitios seguros, o bien permanecen, aunque en pleno estado de alerta, con las implicancias negativas que apareja esto en el pique que queremos conseguir. Por ello, su presencia está muy ligada al fracaso de la pesca.

Como si se tratase de un juego de ilegalidades, presenta distintas identidades conforme pasa fronteras. Tanto es así que se lo conoce como “Pato cuervo”, “Cuervo de mar”, “Yeco”, “Cormorán Biguá”, “Mbiguá” o el criollo “Biguá”. Su carácter cosmopolita le permite una extensa distribución que abarca desde el centro-sur de los Estados Unidos –Texas y Lousiana– hasta el Cabo de Hornos.

A la distancia se la ve como un ave completamente negra. El detalle nos marca una hermosa coloración verde esmeralda del ojo y una línea blanca en la base del pico, digna de caricatura. Frere, Quintana; “Atlas de Sensibilidad Ambiental de la Costa y Aves marinas del Mar Argentino”

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Como curiosidad anatómica para un ave netamente acuática, se puede mencionar la carencia de glándula uropígea. Esta es una glándula bilobulada derivada de invaginaciones epidérmicas que secreta una sustancia impermeabilizante sobre las alas. Al carecer de ella, el biguá se ve obligado a desplegar toda su grandeza, extendiendo las alas bajo el sol.

LEYENDA

Si bien, a priori, parece descabellada la intersección entre la Alemania del siglo XVIII y la intrincada idiosincrasia Guaraní, intentaremos desandar relaciones. Entre los guaraníes se cuenta que Biguá era un indígena fornido y esbelto que vivía feliz con su esposa llamada Yerutí, en una choza a orillas del río Miriñay. La belleza de la joven había despertado la codicia de Capiberá, quien aprovechando un día de ausencia de Biguá, la raptó llevándosela atada en una piragua. Perseguido por él, Capiberá fue alcanzado y muerto. La desesperación de Biguá no tuvo límites cuando descubrió que Yerutí no estaba; había desaparecido. Él la buscó desesperado por todo el río y también en la selva; pero sólo el eco le devolvía su angustioso llamado.

Vencido al fin, se arrojó a las aguas del Miriñay porque sospechó que allí habría perecido la hermosa Yerutí. Al poco tiempo vieron sus hermanos de la tribu que un ave de plumas negras volaba insistentemente sobre la choza en la que habían morado los desdichados amantes, se internaba en la selva y se arrojaba en el inquieto Miriñay. Consultado el hechicero, dijo que se trataba del fornido biguá, transformado en ave que seguía buscado a su dulce compañera.
El tinte fantástico choca a la luz del Viejo Continente, ya que fue Johann Friedrich Gmelin –médico, químico y naturalista–  quien en 1789 le dio la personería jurídica de especie, nombrándolo como Phalacrocorax olivaceus. Al sur de Costa Rica es citada otra especie, Phalacrocorax brasilianus.

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DONDE HAYA AGUA… ESTÁN

Resultan admirables las ventajas adaptativas que la especie ha ido recabando en el sendero de la evolución. Se trata de un ave capaz de aclimatarse y nidificar tanto en ambientes dulceacuícolas como marinos.
Particularmente en Argentina, se cita a la Patagonia como eje del estudio del establecimiento de colonias reproductivas. Existen 12 colonias distribuidas desde el complejo Islote Lobos (41°27’S) en la Provincia de Río Negro hasta la bahía de San Julián (49°16’S) en la Provincia de Santa Cruz. Frere, Quintana; “Atlas de Sensibilidad Ambiental de la Costa y Aves marinas del Mar Argentino”

La población reproductiva total estimada para la costa de la Argentina es de 1200 parejas y existen diferencias en la biología reproductiva, según el lugar elegido: En la provincia de Chubut esta especie presenta un pico de postura entre los meses de noviembre y diciembre, mientras que en el norte de Santa Cruz, se repite el mismo pico de postura, más otro en el mes de enero. Para los individuos que iniciaron la postura de sus huevos en la primavera, la estación reproductiva se extiende hasta principios del mes de febrero –independencia de los pichones–. Los adultos que iniciaron su postura durante el verano, finalizan su periodo de nidificación hacia fines del mes de marzo.

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Esta especie presenta una marcada dispersión invernal, a partir de los meses de otoño la mayoría de los individuos adultos abandonan sus áreas de reproducción en la Patagonia y explotan áreas costeras de la provincia de Buenos Aires y el norte de la Patagonia. Sus hábitos alimentarios piscívoros se basan en la persecución y captura de cardúmenes superficiales. Por ello, en cuencas endógenas particulares, como en la laguna de San Miguel del Monte han sido una verdadera “plaga” que atentó contra la población de pejerreyes.
Diversos estudios en la costa patagónica suscriben que han sido observados alimentándose tanto en forma individual como en bandadas mono y/o heteroespecíficas. Datos de radiotelemetría provenientes de la misma área de estudio muestran que el Biguá se alimenta principalmente en aguas costeras –no se alejaría más allá de los 1000 metros de la costa– y poco profundas –hasta los 10 metros–. Aquí su blanco favorito es el róbalo.
En la ciudad de Buenos Aires, el pescador deportivo puede encontrar al biguá en toda la ribera del Río de La Plata. Particularmente en Costanera Norte, están al acecho de la variadita de piel que los pescadores devuelven al río, siendo habilísimos nadadores en profundidad para dar con la pieza devuelta.
Es muy frecuente verlos sumergirse y desaparecer en las aguas marrones por espacio de unos segundos bien largos, saliendo al fin, victoriosos con algún porteñito y/o bagre amarillo que engullen entero, sin que los radios punzantes de estos peces logren lastimarlos.

En definitiva se trata de un “peligroso” buzo táctico y de un astuto habitante americano que representa, desde la palabra transgeneracional Guaraní, a una de las caras recurrentes de la existencia: la desesperación humana ante la pérdida del amor. Mucho más que la tibia semblanza de un pescador permeable y glotón.

AGRADECIMIENTOS: por las fotografías aportadas a Guillermo Spajic y Omar Civale

readers comments
  1. Omar Civale on septiembre 11th, 2013 15:51

    Excelente nota. De un alto nivel, como siempre.
    Abrazo fuerte.

  2. Eladio on diciembre 2nd, 2015 15:14

    …y peligroso también por sus sobrevuelos…

    Una vez, en la compuerta que separa la laguna de Monte de la de Las Perdices, presencié un acto de guerra protagonizado por uno de estos F-16 vivientes:

    Como si se tratara de un misil aire-tierra guiado por láser, un biguá colocó su apestosa deyección en el pecho, la cara y la cabeza de un distraído pescador.

    No encuentro palabras para describir adecuadamente la escena.




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