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LA PALOMITA

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Por el Tordo Lure

 

Era otoño y después de unos mates mañaneros mi amigo Omar salió a buscar el diario. Mientras saludaba a un vecino, con el rabillo del ojo percibió algo que se movía sobre el cordón de la vereda, pero no le prestó demasiada atención. Recorrió los 50 m. que separaban el kiosco de su casa, mientras leía en los titulares deportivos el empate 0 a 0 de Huracán. Nuevamente percibió un movimiento al pie de un auto que se hallaba estacionado frente a su domicilio. Fijó la vista y vio que se trataba de una paloma torcaza. El ave columbiforme intentaba batir sus alas para levantar vuelo, sin poder elevarse. Agitada, intentaba una y otra vez sin lograr su cometido…

Omar, paladín con espíritu altruista, se acercó sigilosamente y tomó delicadamente a la paloma entre sus manos. Notó que estaba herida, por lo que la entró a su casa, armó una “camita” con algodón dentro de una cajita de bombones y la puso al resguardo para ver si se recuperaba.

Pasaron las horas sin ver mejora en el paciente y le dijo a su compañera Sara: “creo que voy a llevarla al veterinario…”.
Hay veterinarios para palomas?, replicó la mujer. Qué se yo, voy a averiguar por Internet, sentenció Omar.

A través de Google encontró un consultorio que no le quedaba precisamente cerca, pero, en tren de la buena acción iniciada, llevó al ave al profesional, quien le diagnosticó a la infortunada paloma una contusión producto de algún fuerte golpe.
Inyecciones, gotitas varias y cuidados especiales generaron una abultada cuenta, que mi amigo pagó sin piar. El facultativo le recomendó delicadeza a la hora se administrar las gotas a la convaleciente emplumada, de no hacerlo con precaución, el ave podría ahogarse.

Omar sabe de mucho de pesca, en especial de señuelos, pero de terapia animal, no conoce nada. En la segunda administración del remedio, la paloma pasó a mejor vida, sin retorno.

Una sensación de tristeza lo invadió… hasta suspiraba con congoja mientras preparaba sus equipos para ir a pescar a Corrientes.
Durante el camino, aburrió a Sara diciendo… “pobrecita”, “pobre palomita”… suspiraba y largos silencios dominaban varios kilómetros del trayecto.

Pasando Gualeguay, unos enormes silos se imponían sobre la margen derecha de la ruta, y como es costumbre, bandadas de aves revoloteaban en pos de los granos que suelen caer en las inmediaciones. Observando esta situación, no se percataron que a orillas del camino se hallaban unas 50 palomas picoteando vestigios de cereales perdidos. Pasó el automóvil que iba delante de ellos, y las aves levantaron vuelo al unísono…

El techo de la Kangoo acusó un solo de percusión que duró unos pocos instantes, mientras una decena de torcazas volaron abolladas hacia los cuatro puntos cardinales. Había quedado atrás un verdadero tendal…

…dentro del vehículo se escuchó: “La puta que te parió, gastaste un montón de plata en tratar de curar una palomita y en un segundo hiciste pelota a diez!!!

 

Pesca en letras es una Sección en la cual compartiremos relatos, ensayos y cuentos realizados por lectores e integrantes del equipo de Pescadores en la Red. Lo invitamos a leer los escritos, y a participar. Si desea enviarnos algún trabajo, puede hacerlo vía mail a [email protected]
readers comments
  1. Omar Civale on octubre 23rd, 2012 10:00

    Genial. MUY BUENO!!!
    Me puteó hasta ESQUINA!!! JAJAJAJAJA!!!




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