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SANGUIJUELAS, PARÁSITOS SI LOS HAY

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Dueñas de una fama nefasta, en el mundo de la pesca penden descaradamente de las aletas y piel de algunos peces como las tarariras, alimentándose de la sangre de su hospedero…

POR EL LIC. VÍCTOR DE VÍCTOR

Un parásito es aquel ser viviente que pasa una parte o la totalidad de su vida a expensas de otro ser vivo llamado hospedador u hospedero (a veces, de forma incorrecta, huésped)  se nutre de él o de su producción causándole en ocasiones distintos tipos de daño.
Los parásitos pueden ser seres vivos de muchos tipos diferentes: virus, bacterias, hongos, gusanos, vegetales superiores u otra clase de organismos.

En una definición precisa, es una relación anisoespecífica, en la que el parásito es dependiente metabólicamente de su hospedador y provoca en él una respuesta inmunológica, generando en éste una defensa que a veces suele ser letal para el aprovechador.
La ciencia que estudia los parásitos es la parasitología. La interacción biológica entre ambas partes descriptas, parásito y hospedador se denomina parasitismo.

La naturaleza en casos como este despierta una sensación de injusticia, un organismo trabaja para generar sus propios recursos y otros se aprovechan de él vaciando sus logros, consumiendo lo que produce y en el caso de algunas avispas, quedándose con su propia morada. Por eso, entre otras cosas, los parásitos provocan el rechazo de casi todos.

Hirudo medicinalis es el nombre científico de la sanguijuela. A estos parásitos externos los podemos hallar ocasionalmente en aguas del delta, aunque también es frecuente su proliferación en las lagunas bonaerenses. Pertenecen al grupo de los Platelmintos (Plate, plano / Helmintes, gusano) y dentro de esta categoría están catalogados como Hirudíneos.

Naturalmente, como todo gusano, son invertebrados y por su régimen de alimentación se los denomina hematófagos.
Los bagres sapo (Rhamdia sapo) y las tarariras (Hoplias malabaricus) son impacto de estos aprovechadores, especialmente en el invierno cuando las desprevenidas tarariras reposan en el fango.

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Ventajeros y sin prejuicio alguno se fijan al cuerpo y a las aletas de estos peces alimentándose de su sangre, agarrándose a su epidermis de tal manera que al ojo inexperto parecen una continuidad de él.

Muchas veces el hospedero se debilita, y hasta parece que va a morir. Pero su cuerpo suele generar defensas y en algunos casos se valen de superficies duras hasta destruir al invasor.

También los pescadores contribuyen a eliminar a estos indeseables organismos. Cuando se realiza pesca y devolución, mediante un cuchillo afilado desprenden de la piel de las «taruchas» a los desagradables gusanos para luego devolver el pez al agua.
A través de esta nota conocimos a estos factores bióticos que aunque no sean de nuestro agrado están dentro del ecosistema en el que los pescadores frecuentamos.

En otros informes conoceremos al Argulus – parásito de las branquias del dorado – y a los isópodos que se fijan en la piel y en las aletas de los bagres de mar.

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