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EL DELTA ESCONDE SORPRESAS

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Un emocionante relato de un día de pesca rubricado por la captura de una tararira azul de 6,400 kg. en el delta del Paraná

POR EL LIC. VÍCTOR DE VÍCTOR

La lluvia de la madrugada no nos amedrentó. El Wind Gurú presagiaba agua hasta las 9 y luego, las nubes se correrían para darle lugar a un día a pleno sol. Y así fue!!!

Bien temprano nos encontramos con mi amigo y compañero de pesca Héctor Librero con la idea de garetear algunos playones en busca de los dorados que ya están bien activos.

Si bien confiábamos en el pronóstico satelital en cuanto a la lluvia, el viento nos preocupaba. Sin problemas para navegar, llegamos al aguaje del Canal del Sueco en procura de carnada, buscando bogas y bagrecitos amarillos para tentar al “tigre”, mirando de reojo las olas que se formaban río afuera por la acción del viento del este.

Esto si que no estaba anunciado, presagiaban “leves del este” de 4 a 7 nudos, y estimativamente, calculamos que la velocidad del viento superaba cómodamente los 10 nudos, complicando nuestras aspiraciones de deriva.

Luego de un rato de inactividad total, se hicieron presente unas cuantas bogas chicas, y entre ellas, un muy lindo ejemplar clavado por Héctor.

Cerca del mediodía el viento no cesaba, por lo que decidimos cambiar de lugar. Nos dirigimos entonces hacia el arroyo Baldosas para buscar reparo, e intentar la pesca variada pero sin viento, almorzamos, obtuvimos unas bogas más, pero cero a los dorados.

Y como si esta frustración fuera poco, el viento se incrementaba, desde el reparo, veíamos los “corderitos” en los bajos, factor por el cual, desestimamos totalmente la posibilidad de realizar un garete río afuera, era perder tiempo y pasar un mal momento por las condiciones del río.

Plan B, le dije a Héctor. El plan alternativo se trataba de buscar un arroyo e intentar capturar alguna tararira. Si bien sabíamos que desde hace aproximadamente un mes las “Hoplias” se están haciendo desear, teníamos la esperanza de obtener alguna para resarcirnos de la frustración de la pesca del dorado.

Así fue que ingresamos al arroyo Diablo y penetramos en él hasta un tributario que trae agua desde el interior de la isla, entramos en ese “brazo” y fondeamos en en rincón con buena sombra, la necesitábamos, dado que el sol era abrasador.

Preparé una caña de bait cast con un reel para esos menesteres, de esos que el ingenio popular llama “huevitos”. Nylon de 0,30 mm., un plomo pasante y un leader de 20 lb. con un anzuelo acerado 5/0 bien afilado. La carnada, un trozo de boga sin escamas, encarnado de tal manera de que no entorpezca la clavada, esto es, dejando bien libre el dardo del anzuelo.

En el primer intento tuve un pique, la clavé y se soltó. Preparé una nueva carnada y la presenté como intuyendo lo que vendría. Arrojé el aparejo al agua con mucha fe. A los 30 segundos, caña en mano percibí que el pez estaba tomando la carnada. De inmediato emprendió una veloz corrida hacia los juncos, y de manera enérgica, clavé para frenar la escapada.

Me llamó la atención la forma en que reaccionó a la misma, un gran borbollón de 1,5 m. de diámetro me indicaba que se trataba de un gran ejemplar. Volví a cañar para asentar la clavada y en esa instancia, la tararira efectuó una corrida hacia el centro del arroyo, lo que me dio un gran alivio, pues de haberlo hecho en la dirección opuesta, enfilaría hacia un manojo de ramas sumergidas y eso habría sido el fin de, al menos, esa pesca.

Comencé a “jugar” entre frenarla y dejarla ir, así luego de varios minutos y cinco borbollones, la pude ver. Es gigante! Es una azul!!!, le dije a Héctor. El corazón me latía a más no poder. Pesqué a Hoplias lazardae en el Palmar de Soriano, en Uruguay, hace varios años, obtuve en esa ocasión dos ejemplares, uno de 4 kilos y otro de 5,800 kg., pero esta parecía más grande.

Sabíamos que esta especie había llegado al delta, pero en honor a la verdad, es la primera que capturo en nuestras aguas.

Con cuidado -estaba bien clavada, pero en una comisura- la redujimos con un combo de boga grip y copo, no podíamos arriesgarnos a perderla. Complicado fue también documentarla, a bordo de la Orca, éramos solamente dos personas, y teníamos que sacar fotografías para el portal, filmarla para el programa de TV y además… concretar la captura!

Al fin pude izarla a bordo. La tomé de la cola y la balanza acusó 6 kilos. 6 kilos!!! grité!, cuando solté el extremo caudal del pescado, la balanza marcó exactamente 6,400 kg.

Les aseguro que el lomo de este animal a la altura de la unión del cuerpo con la cabeza, era un poco más ancho que toda mi mano abierta. Una maravilla.

Fotos, abrazos, filmación, palmeadas mutuas… y la decisión que siempre está implícita, devolverla al agua. Luego de unos 30 segundos de reanimación, comenzó a ejercer fuerza sobre mis manos, lo que me indicó que ya era hora de soltarla. Parsimoniosamente se alejó y así ganó el fondo del arroyo.

El delta esconde sorpresas, y vaya que esta vez nos sorprendimos. Misión cumplida.

AGRADECIMIENTO: A mi amigo y discípulo dilecto, Héctor Librero, un fenómeno.

readers comments
  1. HECTOR LIBRERO on Octubre 6th, 2010 20:33

    Hola Hector, muy lindo ejemplar, me gusta la pesca, pero nunca pude sacar algo asi, los felicito, me alegro de verte bien, tu primo el hincha de Banfield, un abrazo

  2. Fernando on Diciembre 12th, 2010 16:33

    Nooooo tenias razon, flor de dinosaurio hahahahaha. Muy bueno Victor!

  3. admin on Diciembre 12th, 2010 17:11

    NdelaR: Fernando, un día de estos la voy a ir a pescar de nuevo, jajaja! Son terrioriales, así que tal vez aún esté allí!
    Un abrazo!
    Víctor




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